No hubo, desde ya, veto de Olivos a esa presencia que Boudou, por las suyas, preparó con cuidado especial. Logró por eso evitar las astracanadas que pudieran indisponerlo ante un público que festeja esas apariciones pero que castiga los excesos. Lo mostró Boudou cuando una modelo que salió de una caja quiso ponerle, con una manga de cocina, crema en la boca.
Firme, el ministro levantó el plato y obligó a que la crema se la sirviese allí. Un profesional, porque esa foto hubiera sido objeto de reproches en el público cuya adhesión el Gobierno necesita mantener después del resultado de las primarias. Tuvo suerte el candidato cuando se ganó una motocicleta en un sorteo y lo festejó con euforia. Una señal en medio de ese delicado equilibrio que tiene que mantener alguien que busca votos; sabe que el público se pega a quienes tienen suerte y repudia a quienes la fortuna no acompaña.
El ministro es aficionado a esas máquinas, pero ya le dio destino. Cuando llevó al equipo que lo había acompañado a cenar después del programa a la parrilla Happening de Puerto Madero, anunció que la donará al hospital Garrahan para que la subaste en un acto que él mismo se ocupará de organizar.
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