No es un diálogo de sordos. Es sencillamente una muestra fulgurante de cuál es el problema del espectro opositor en estos días. Nelson Castro (Clarín) sienta frente a sí a una ignota diputada que nunca antes ni después tendrá la exposición mediática de esta semana. La sienta frente a sí, la muestra, la exhibe en cámara para que la audiencia compruebe que existe, para que se la vea, del resto se encarga él. Castro (Clarín) ya tiene armado el bloque, ya tiene la conclusión extraída, ya tiene todo pensado. Lo que diga la diputada es lo de menos. Lo vital es montar un escenario para ratificar que el polémico gobierno nacional, en pos de sancionar su controvertido proyecto de presupuesto no vacilará en recurrir a todo tipo de artimañas con tal de aprobarlo para facilitarse así el manejo discrecional de la caja.
La diputada intenta decir que bueno, que en realidad la sondearon, pero eso ya no es noticia. La noticia es que "fue sobornada y apretada" ¿y quién dijo que los hechos fueron así? Clarín y Elisa Carrió, así de simple. El resto es lo de menos, no importa. Después la diputada seguramente pagará costos elevados por haber quedado en el medio de una operación, por terminar apareciendo como el pato de la boda, e incluso si intenta aclarar o desmentir dichos que se atribuyen lo más probable es que su gacetilla o sus dichos nunca sean publicados. Lo importante para Clarín es que ya construyó un escenario, o mejor dicho "su escenario"
Esto puede servir para que nos demos una idea o para que nos aproximemos a las consecuencias que le acarrea al espectro opositor ser conducido por dos entidades a las que no les interesan los votos ni el crecimiento en democracia: Clarín y Elisa Carrió. Más de un gobernador y más de un intendente seguramente se preocupan y mucho si se dinamitan ciertos códigos básicos de la convivencia democrática porque hay una larga serie de compromisos que pueden quedar truncos. La no aprobación del presupuesto impacta de manera distinta en, supongamos, Hermes Binner y Colombi que en Clarín y Carrió. En definitiva, todas aquellas fuerzas que necesitan del voto y por ende someterse al veredicto de las urnas saben muy bien lo que les costará. El problema central acá, el núcleo, está en el grosero error de permitir que fuerzas políticas, que dependen antes que nada de los votos sean manejadas por el interés táctico de una empresa periodística que lo único que busca es sostener a como de lugar los privilegios obtenidos de manera harto sospechosa. Si mañana una provincia entra en problemas porque la rotura de vínculos básicos de la convivencia democrática genera situaciones sociales graves, eso a Clarín le importa un bledo, lo mismo que a Carrió que tiene muy asumido que electoralmente no tiene futuro alguno y que su rol ahora es el de ser una suerte de fiscal flipada que amenaza a todo el mundo con denunciarlo en TN, la justicia paralela del presente. Es probable que Mauricio Macri aproveche para que tampoco le aprueben el presupuesto para tener así la coartada que le faltaba para seguir destrozando la ciudad de Buenos Aires, pero al resto, la no aprobación del presupuesto lo afecta y mucho.
El delegar la conducción del proceso a una empresa que además está dando muestras de no estar a la altura de las circunstancias va a tener un costo para las fuerzas opositoras de una envergadura muchísimo mayor a la estimada.