La inyección de pesos parece abandonar el destino de consumo, y vira a la compra de dólares. Resguardo de valor.
Las políticas expansivas, no expanden como antes.
Varias cosas hay para concluir de esto.
Primero: los pesos inyectados van a parar, en muy buena proporción, a manos de personas que no tienen consumo atrasado.
Antes que comprar, prefieren ahorrar. La estrategia de incentivar el consumo, y poner el ladrillo inicial para la construcción de un círculo virtuoso que desde allí sostenga la mayor producción y la generación de empleo, se choca con un escollo distributivo. El "mercado" prefiere absorber. Se ajusta, esteriliza. Los pesos para consumo no están siendo dirigidos a las manos correctas (entendiendo por "correctas" aquellas que permitan honrar la estrategia citada).
Entonces, hay ahí un espacio por donde explorar la absorción fiscal (indirectamente). Que la que usan para comprar dólares, la gasten en tarifas de luz y gas. Ajuste selectivo. El problema es la implementación.
Además: como opción de resguardo de valor, el dólar aparece barato. La expectativa de devaluación suele ser más atractiva, para el pequeño ahorrista, que una tasa de interés real negativa para plazos fijos. Que exige el esfuerzo y el temor de dejar la plata en el banco.
La devalaución administrada es la única forma capaz de cumplir con el objetivo de los tipos de cambio diferenciales para las distintas actividades, a niveles de competitividad adecuados.
La recuperación del equilibrio fiscal, sin expansión del gasto por encima de los ingresos, es el único camino a explorar para evitar que las acciones cambiarias se trasladen a precios inmediatamente. Para retardar el proceso de revaluación, digamos.
En posteos anteriores, habíamos iniciado una serie, sobre subsidios. El tercer capítulo (nunca publicado) se disponía a criticar la idea de que el esquema de subsidios podía ser sustentable.
El problema del esquema de subsidios es fiscal. Principalmente.
Para quienes quieran ver en estas reflexiones incoherencia, recordamos que siempre sostuvimos (y seguimos haciéndolo) que el único objetivo a cumplir siempre, invariablemente, era la relación virtuosa entre consumo y empleo. Si el esquema hace que ese vínculo se rompa, entonces algo habrá que cambiar.
El fundamentalismo y su burbuja mágica de Cristina en el pais de las maravillas, ja,ja,ja