En un renovado intento por asustar viejitos y conmover almas sensibles Martín Bidegaray titula de esta manera el resultado de su profunda investigación periodística: "Los jubilados que viven en edificios podrían perder los subsidios".
Primero, aclaramos que se sigue hablando de las zonas de alto poder adquisitivo a las que se les retiró el subsidio directamente, y de aquellas que en las próximas facturas irán recibiendo la declaración jurada (y cobrando el plancito del subsidio todavía), también de poder adquisitivo elevado. Una porción ridículamente pequeña del área metropolitana de Buenos Aires.
De esa porción ridículamente pequeña en la que habitan los ciudadanos más pudientes de la región (por no decir del país), el subsidio que perderían los jubilados (algunos de los cuales estarán probablemente en juicio con la ANSES para que se les liquide correctamente la jubilación de alrededor de 100 mil pesos) no es el que se notifica a través de las facturas que reciben estos pobres ancianos en su domicilio particular, sino el de la boleta que recibe el consorcio por gastos comunes y que se les cobra a los propietarios e inquilinos a través de las expensas.
Entonces, aparecen anónimos empresarios administradores de consorcios que, calculadora en mano, realizan unos cálculos bastante sospechosos.
Por ejemplo, dice uno de los empresarios sensibles, preocupado por que le retiren el subsidio no a él, sino a los pobres jubilados que pagan sus cuantiosos honorarios y los gastos comunes del edificio a través de las expensas, que la boleta de luz del consorcio actualmente es de $739,82. El edificio tiene 104 departamentos. Sin subsidio la luz se le iría $650 más, de modo que pagaría (el consorcio entero) $1779.
Cabe aclarar que los gastos que se cobran vía expensas no son para todos los departamentos iguales sino que se hace un cálculo proporcional a la cantidad de metros cuadrados de las unidades. Pero, suponiendo que este sensible caballero no hiciera tal distinción a la hora de cobrarles los honorarios a los pobres viejitos que habitan el edificio que él administra, la suma de $1779 sobre 104, da algo así como $17, 10. Bimestrales.
Tremendo impacto del ajuste K sobre el bolsillo de estos pequeños y medianos jubilados habitantes tradicionales de la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires.
Pero hay un caso más dramático. El del gas.
Aquí se recurre a otro edificio (y otro empresario, tal vez más sensible que el anterior).
Son 40 las unidades del consorcio, en Peña y Pueyrredon. Edificio viejo, con calefacción central, lo cual abulta la factura de gas común en los bimestres invernales.
Acá no hay datos demasiado precisos, se habla de una factura que "no bajará de los $3000/4000" en invierno. Ponele $4000.
Dice el empresario (que "pidió no ser nombrado para no preocupar a la decena de jubilados que viven allí"), que a pesar de la pena que le causa la situación va a tener que recargar $100 mensuales en las expensas, sin contar otros gastos como el aumento de sueldo al portero y otros servicios. Qué hijo de puta el gobierno, pobre hombre, lo que lo obligan a hacer.
Bueno, a mí $100 por mes, a 40 unidades, me da $8000 bimestrales.
Durísimo el impacto de la avivada administradoril en el bolsillo de los jubilados de privilegio de la Recoleta.
Y tremendo el impacto de estos plancitos, llamados subsidios, cobrados durante 8 años por pequeños y medianos millonarios, que encima se muestran indignados por los "planes que paga el gobierno a los que no hacen nada".