Era el mediodía de un domingo de enero en Paraná y caminábamos con Laura hacia el centro al encuentro de Lucas Carrasco para luego ir a un asado al que los compañeros nos habían invitado la noche anterior en donde junto con Martín Piqué, Florencia Arietto y el genial Raúl Degrossi participé en una mesa en donde hablamos de política, medios y seguridad democratica.
Lo encotramos en un boliche y luego de contarle de las peripecias corridas para conseguir un diario de Buenos Aires (terminé comprando Perfil) me extiende un ejemplar y me dice sonriente "ah bueno, yo estoy aca firme junto al pueblo". Era la edición de Crónica, diario en el que Lucas viene publicando su análisis político los domingos, un trabajo que lo entusiasma, en el que se esmera por explicar de forma accesible cuestiones de microeconomía de "sintonía fina", de intereses contrapuestos, de la actualidad política tal cual él la ve.
Al ver hoy la tapa del diario explotando groseramente la muerte de Jazmín De Gracia luego del asco que me produjo pensé en Lucas y como sería su respuesta ante este atentado a la privacidad y el dolor de su familia sumado al hecho del afecto que sabía que Lucas le tenía a Jazmín más allá de sus furibundas peleas con ella en el piso de Duro de domar.
Y la dió en este post:
"Y trabajo en Crónica. Habitualemente a primer página impar después de la tapa -la más cara en términos publicitarios- lleva mi firma de una columna que nadie, previamente, controla (más que editar errores de tipeo y de espacios, cosas normales, pero que nunca jodieron la idea principal -equivocada o no, es otra discusión- de quien firma). Pero, lo que hoy hizo Crónica, es una mierda. Una verdadera mierda. Y se trata de la nota de tapa, no de un filtrado de una nota menor en una sección menor. Sino de la idea más elaborada e institucionaliza que puede tener una edición en Papel. Una tapa que no sólo atenta contra la moral y las buenas costumbres, cosas pasadas si se quiere de moda, una tapa que es de malnacidos, sino que además, más allá de la baja calidad de personas de fotógrafos, periodistas y editores encargados de esa nota, más allá de los delitos cometidos por policías y empleados de jerarquía en tribunales, es una afrenta para el periodismo, una afrenta para quienes luchamos y apostamos por la democratización de los medios y una calumnia -delito derogado por la presidenta Cristina Kirchner a pedido de los periodistas y del CELS, pero que no invalida su pleno significado en el diccionario de la verguenza- para las personas de bien."
Y no es cualquiera el que opina. No es Luis Ventura que se la pasó hoy defendiendo al diario, no es Rial pontificando por radio y TV, no es un "especialista en drogas" que manda fruta en los medios, sino un periodista que vive de laburar en el medio cuya decisión editorial fue sacar esa tapa (hoy los diarios gráficos son sobre todo una tapa en los escaparates de los kioscos) y un suplemento con las fotos compradas a alguno que se hizo de unos mangos con esa mercadería macabra.
A pesar de que en el post Lucas manifiesta que quiere seguir con sus columnas de los domingos me pregunto si esta gente de Crónica merece tenerlo en su staff, a un verdadero periodista independiente.